- Bueno, ahora y teniendo en cuenta que es la una ya, hemos acabado
–dijo Luce.
- ¿Cómo que acabado? –dijo uno de los niños-. ¿No vais a seguir
contándonos historias?
- Hijo, es que ya es hora de comer... –dijo Jane.
- Claro. Ahora se va cada uno a su casa y...
- ¡Pero tenéis que seguir contándonos historias! ¡Queremos saber hasta
el último detalle de vuestras vidas!
- Esto parece (El diario de patricia en Inglaterra) –dijo Luce.
- Tranquilidad, chicos –dijo Jane-. Seguiréis escuchando la historia,
esta tarde. Es sólo que cada uno tiene que volver a su casa para comer y
luego...
- ¡Pero eso no importa! –la interrumpió el niño rubio-. ¡Os podéis
quedar todos a comer! ¿A qué sí, mamá? ¡Gracias! –dijo antes de que Luce
tuviese tiempo de contestar-. ¡Venga, rápido! ¡Id y decídselo a vuestros
padres! ¡Ellos también pueden venir!
Todos los niños echaron a correr en dirección a sus casas, excepto
cuatro de ellos: los hijos de Luce y los de Jane.
- Bueno, como tú ya estás aquí, no hace falta que vaya a avisarte, ¿no?
–dijo un niño castaño.
- Pero sí que hay que avisar a papá, ¿verdad? –dijo su hermana.
- No creo que la tía Luce...
- ¡¡PERO CÓMO INVITAS A TODOS LOS NIÑOS A COMER!!
- Bueno, mamá, es que...
- ¡¡YA ESTÁS YENDO Y DICIÉNDOLES QUE NO SE PUEDEN QUEDAR A COMER!!
¡Dónde has visto tú que haya espacio!
- Bueno, siempre podemos comer en el jardín...
- ... ¡Y esto ha sido la guinda! –continuó ella sin hacerle caso-.
Primero los invitas sin nuestro consentimiento a venir aquí a las NUEVE DE LA
MAÑANA, ¡y ahora a que se queden a comer! ¡De donde saco yo ahora comida
para... –contó con los dedos- nueve niños! ¡Eso sin contar adultos, claro!
–volvió a contar-. ¡Ocho adultos! Dios mío, qué dolor de cabeza... Necesito una
infusión o algo... Creo que tengo alguna en algún sitio –dijo Luce, llevándose
las manos a la cabeza y mirando distraída alrededor.
- Bueno, todos podemos ayudar... ¿verdad, papá? ¿A que a ti no te
parece mal? –dijo el niño, buscando ayuda con la mirada a su padre.
- Hijo, estas cosas hay que consultarlas primero. No has hecho bien, y
estoy muy decepcionado contigo. Aunque por otra parte... –dijo mirando a la
horda de niños y padres que ya se veían desde lejos- no creo que ya se pueda
hacer mucho.
- ¿Ahora te pones de su parte?
- No, claro que no. De hecho, estoy muy enfadado. Pero ahora ya...
Además, ¿no estabas diciendo desde hace un tiempo que querías organizar una
comida todos juntos?
- Bueno...
- Pues ya está. ¡Winky! –llamó el hombre-. Prepara una mesa en el
jardín y haz comida para... eh... –contó con los dedos- diecisiete personas.
- ¡Sí, amo! –dijo ella, y se dirigió al jardín.
- En fin... Siento haberte gritado, hijo; si me levanto antes de las
diez parece como si mi cabeza fuera a explotar. Por cierto, ¿tú no piensas
cambiarte? –le dijo Luce a su marido, que aún llevaba la bata de cuadros
escoceses y las zapatillas de estar por casa.
- ¡Ah, es verdad! Ahora vuelvo –y subió a toda prisa por las escaleras.
Para cuando todos llegaron, en el jardín de la casa habían aparecido diecisiete
sillas y una mesa, llena de platos de aspecto delicioso. Se saludaron, y
enseguida se sentaron a comer, pues los platos tenían un aspecto delicioso.
Tras una deliciosa comida, los niños jugaron un rato mientras los adultos se
quedaban charlando.
- ... ¡Sí, es verdad! Pero eso no fue todo, de repente...
- ¡Mamá! Sigue contando, anda.
- ¿Pero no estabais jugando?
- Sí, pero ya nos hemos aburrido. ¡Venga, venga, venga, porfa!
- Sí, venga Luce, yo también quiero escucharlo –dijo uno de los hombres
que estaban allí sentados, y al sonreír las gafas se le torcieron un poco.
- En fin, si a todos os hace ilusión... Venga, empiezo.
Había pasado una semana desde el incidente del trol. Hermione no
había vuelto a mencionarlo, aunque claro, tampoco es que hubiese pasado
demasiado tiempo con nosotros. Ahora iba mucho con Harry y Ron.
- Hermione -le dije un día al salir de clase- quería decirte una
cosa…
- Ahora no puedo. ¡Debo ir a la biblioteca! -en eso no había
cambiado nada-.
- De eso se trata. ¡Ya nunca puedes! Si no estás en la biblioteca,
estás con Harry Potter y Ron Weasley. No digo que esté mal ni nada, pero… es
que a mí también me apetece hablar contigo de vez en cuando…
- ¡Oh, vaya! Lo siento Luce, no había caído en la cuenta… No te preocupes,
después de comer voy contigo y con Jane y charlamos un rato.
- ¡Genial! Pues hasta luego -sonriendo, me fui a la siguiente clase
del día.
La siguiente clase del día resultó ser pociones. Snape, como
siempre, nos dedicó un inspirador discurso sobre cómo todo nuestro trabajo,
habilidades y carácter en general no valían la pena, además de añadir un
encantador comentario sobre cómo los alumnos de Slytherin eran mucho mejores
que los de Gryffindor en el complicado y maravilloso arte de hacer pociones y en
todas las demás materias.
También restó los puntos rutinarios que solía quitar a Gryffindor
todos los días por cualquier tontería, fue desagradable con todos y ridiculizó
a Neville y a Seamus por su poca habilidad haciendo pociones, y por supuesto
agregó comentarios sobre los delirios de grandeza de Harry Potter. No faltaron,
además, varios cumplidos a Malfoy que hicieron que pasara toda la clase con su
sonrisa de suficiencia pegada a la cara. Malfoy tampoco se cortó en lo
referente a hacerle la pelota a Snape, y en insultar a todos los miembros de
Gryffindor que podía y sabotearles las pociones; claro que, en esos momentos,
Snape casualmente parecía quedarse sordo y ciego.
Ya salíamos cuando Malfoy pasó por mi lado y me hizo un agradable
comentario sobre mi falta de inteligencia, desagradable olor corporal y demás
encantadores adjetivos a los que yo respondí con un gesto de la mano que suele
resumir todas las palabras y que procuré que ningún profesor viera.
- ¿Y qué gesto era ese, mamá? -dijo el niño rubio.
- ¿Eh? Pues… uno… un gesto que… que… ¡que tú no debes saber cuál es!
Es de muy mala educación hacer eso y… -dijo Luce.
- ¿Entonces tú eres maleducada, mamá? Yo siempre había pensado que
eras muy educada…
- ¡Por supuesto que lo soy!
- Pero acabas de decir que…
- ¡Eso fue porque la situación lo requería y…!
- Entonces si la situación lo requiere, ¿puedo hacer ese gesto que…?
- ¡NO, NO PUEDES!
- Pero…
- ¡Esta conversación se ha acabado!
- Bueno, de todas maneras no sabía qué gesto era…
- ¿En serio? Pero si todos lo saben… -dijo un niño pelirrojo-. Mira,
es así…
- ¡SI ALGUIEN HACE ESE GESTO EN ESTA CASA LO ECHO Y NO VUELVE A
ESCUCHAR UNA HISTORIA!
El niño inmediatamente bajó la mano, sin llegar a hacer el gesto en
concreto. Aún así, le susurró a los demás niños " luego os lo
enseño…" sin que ninguno de los mayores lo oyera.
- Bueno, si hemos acabado la conversación…
- Sí, sí, por supuesto, sigue -dijo el niño rubio.
- Muy rápido te has conformado tú… ¿Qué estáis tramando todos, que os
veo unas sonrisas muy sospechosas?
- ¡Nada, nada! ¡Me ofendes, mamá, con tu falta de confianza!
- Sí, ya ya… -dijo mirando a todos los niños como si tuviera rayos X
en los ojos.
- Oye, ¿y si sigo yo? –dijo Jane.
- Sí, vale... –dijo Luce, que aún parecía estar haciendo una
radiografía a los niños.
Después de comer, Luce y yo fuimos con Hermione al jardín para
charlar un poco y ponernos al día.
- …¿y sabéis qué? ¡Al final resultó que había sido yo la que había
hecho estallar la ventana! -dijo Luce, y las tres nos echamos a reír.
- Eso no es nada comparado con la vez que, cuando me estaba probando
un vestido horrible en una tienda llena de muggles, ¡hice que todos los
vestidos salieran volando por los aires! Los muggles lo atribuyeron a una
extraña corriente de aire o algo así, pero fui yo sin querer… - Hermione se
estaba riendo tanto que se cortó al final de la frase.
Yo estaba a punto de contarles la vez en la que hice que un plato de
espaguetis pasase a ser el nuevo peinado de mi tío William, que era calvo,
cuando aparecieron Harry y Ron por un pasillo.
- ¡Eh, Hermione! ¿A que no sabes qué? Creemos que el que intenta
robar la… ¡Uy! Hola, chicas… -Ron se calló de golpe-. ¿Qué… qué tal?
- Eh… pues bien, aquí, cotilleando un poco, ya sabes… -dije.
- Sí… eh… -Ron y Harry parecían un poco incómodos-. Hermione…
¿podemos hablar un momento contigo… a solas?
- Eh… Bueno, si es un momento… -Hermione nos lanzó una mirada
culpable y se encogió de hombros, como diciendo " lo siento " y se
fue con ellos.
Volvió al cabo de unos minutos. Parecía muy excitada, aunque
intentaba disimularlo.
- Bueno, eh... En fin, sigamos. ¿De qué hablábamos? Ah, sí, de esa
vez en la que...
- ¡Hermione! ¿Quedamos después de clase, no? –preguntó Harry.
- No sé, tengo que ir a la biblioteca... –Harry puso los ojos en
blanco-. Bueno, vale.
- Sois muy amigos, ¿verdad? –dije yo.
- Pues sí, la verdad. Ellos... ¡Oh, un momento! ¡Qué maleducada soy!
–Luce y yo nos miramos extrañadas, pero antes de que pudiéramos preguntarle a
qué se refería, ya había arrastrado a Harry y a Ron hasta donde estábamos-.
Chicas, ellos son... bueno, ya los conocéis... Harry Potter y Ron Weasley –nos
saludaron con la mano-. Chicos, ellas son Jane Hemsthrow y Luce Brooks –los
saludamos también-.
- Encantada –dijo Luce.
- Igualmente –dijo Harry.
- Chicos, ¿por qué no quedamos todos después de clase? –dijo
Hermione.
- Eh... vale...
- ¡Pues hasta luego, entonces! –dijo ella, y se volvió a sentar con
nosotras en el césped.
Pasamos un rato hablando hasta que fue hora de ir a clase. Tocaba
vuelo; a mí no me gustaba demasiado, porque en la clase anterior me había
escurrido de la escoba y había acabado aplastando a Seamus, que justo volaba
por debajo de mí. Aunque, ahora que lo pienso bien, a él debía de gustarle aún menos
que a mí.
El caso es que estábamos en clase de vuelo. La señora Hooch había
hecho aparecer unos aros flotantes que teníamos que atravesar. Hasta ahí todo
bien; algún que otro accidente de choque, pero nada importante. Yo estaba
atravesando los aros con sorprendente facilidad cuando a alguien se le ocurrió
la brillante idea de prenderles fuego a los aros, para hacerlo “más
interesante”. Luce estaba entusiasmada, por supuesto, pero yo no lo veía tan
claro, sobre todo después de que a Neville le prendiera fuego la túnica al
pasar por uno de los aros.
Tras un cuarto de hora de túnicas y pelo chamuscados, la señora
Hooch pensó que quizá no había sido tan buena idea, así que devolvió los aros a
su estado normal. Fue un gran alivio para mí, que no quería acabar el día con
la mitad de la cabeza sin pelo. “¡Con lo díver que era!”; Luce se enfurruñó lo
que quedaba de clase.
Cuando salimos, fuimos directos a la Sala Común; allí habíamos
quedado con Harry, Ron y Hermione. Estábamos a punto de subir las escaleras que
conducían a la torre de Gryffindor cuando nos encontramos con el trío calavera
(o sea, Malfoy y compañía).
- Hoy has volado muy bien, Hemsthrow. ¡Qué pena que no lo hayas
hecho tan mal como de costumbre! Ha faltado nada para tener sangre sucia a la
brasa –dijo Malfoy, arrastrando las palabras.
- Tú sí que das la brasa, Malfoy –le dije intentando aparentar
seguridad, aunque en el fondo me sentía vulnerable.
- ¡Vaya, pero si sabes hablar! Creía que era Brooks la que siempre
intercedía por ti.
- No, no siempre, aunque no niego que me encanta hacerte quedar
fatal... Es divertido ver la cara de idiota que pon... bueno, tu cara de idiota
–dijo Luce.
- ¡Las únicas idiotas
que hay aquí sois tú y tu amiguita! Un día, cuando hayan echado a ese viejo
loco de Dumbledore, mi padre ocupará su puesto, ¡y no dejará que las traidoras
a la sangre y las sangre sucias como vosotras pongan un pie en este colegio!
¡Sois unas...! –Malfoy se puso histérico.
- ¡Cállate, subespecie de mago inútil! –Luce le dio un empujón a Malfoy,
que se puso histérico.
- ¡NO TE ATREVAS A TOCARME!
- ¡Y TÚ NO NOS VUELVAS A LLAMAR ASÍ! ¡¡No eres más que un estúpido
excremento repugnante de basilisco!! ¡¡Cerebro de gusamoco!! ¡¡Leprechaun
idiota!! –yo iba gritando lo primero que me venía a la cabeza.
- ¿Leprechaun?
- Es lo primero que se me ha ocurrido.
- Mmm... No está mal.
- ¡Os arrepentiréis de lo que habéis dicho! –chilló Malfoy, fuera de
sí-. ¡Crabbe, Goyle, enseñadles lo que les ocurre a los que me hacen enfadar!
Crabbe y Goyle sacaron sus varitas y nos apuntaron con ellas,
adoptando un gesto amenazador. Ya se disponían a atacarnos con algún hechizo,
cuando por un rincón del pasillo apareció el profesor Flitwick, (que había oído
los gritos) sudoroso y con cara de asustado. Vino corriendo y se interpuso
entre nosotros.
- ¡¿Qué está pasando aquí?! –chilló con su vocecita aguda.
- Nada, profesor, deje que le explique… -empezó Malfoy.
- ¡Malfoy les ha ordenado a Crabbe y Goyle que nos ataquen! –lo
cortó Luce.
- ¿Que les ha ordenado…? ¡Señor Malfoy! ¿Es eso verdad?
- Sí, bueno, pero es que Brooks me ha insultado y agredido, señor
profesor –dijo Malfoy, buscando una excusa para su comportamiento.
- ¿Es eso cierto, señorita Brooks?
- Bueno, sí, pero…
- ¡Y le parecerá bien meterse así con un compañero!
- No, claro que no, pero…
- ¡No hay peros! No me esperaba esto de usted…
- Yo…
- ¡Ella sólo me estaba defendiendo, profesor Flitwick! –grité yo,
enfadada-. ¡Malfoy me ha llamado sangre sucia!
- ¡¿QUÉ?! ¡¡Señor Malfoy!! ¿Es eso cierto?
- ¿Qué? No, no… Bueno, tal vez… Pero…
- ¡¡NO PUEDE USTED LLAMAR DE ESA FORMA A NINGÚN ALUMNO!! ¡20 puntos
menos para Slytherin! ¡Y acompáñenme, usted y sus dos amigos! ¡Venga! ¡Los
llevaré al despacho del profesor Snape!
Cuando ya se iban, Malfoy se volvió para hacernos una mueca, momento
que yo aproveché para sacarle la lengua y sonreírle burlonamente. Entonces Luce
y yo subimos las escaleras hasta la Sala Común, un poco agitadas pero bastante
satisfechas con el resultado de la discusión.
Cuando llegamos a la Sala Común, Hermione, Harry y Ron ya nos
estaban esperando en un rincón. Hermione vino corriendo hacia nosotras,
poniendo una cara severa.
- ¡Llegáis tarde! Llevamos un buen rato esperando. ¡Yo ya podría
haber acabado mis deberes!
Entonces se acercaron Harry y Ron.
- Eh, chicas, ¿por qué llegáis tarde? ¿Ha pasado algo? –dijo Ron.
- Pues, ahora que lo comentas, hemos tenido un pequeño
"percance" con Malfoy –dijo Luce.
- ¿En serio? ¿Qué ha pasado? –preguntó Harry.
- Pues que me ha llamado sangre sucia –dije yo, y al oírlo Hermione
se tapó la boca con la mano.
- Entonces nos hemos peleado con él, y le hemos llamado de
excremento para arriba… -dijo Luce.
- Y entonces ha venido el profesor Flitwick y le ha quitado 20
puntos a Slytherin, y después los ha llevado al despacho de Snape –terminé yo.
- Impresionante –dijo Ron, sonriente, y nos estrechó la mano.
- Creo que al final vamos a ser muy buenos amigos –dijo Harry, que,
imitando a Ron, nos estrechó la mano y sonrió.