- Bueno chicos, como lleváis una semana dando la lata con que os contemos nuestra historia, y sé que no vais a parar de volvernos locos hasta que lo hagamos, pues...
- En eso han salido a ti...
- Ja, ja, qué graciosa...
- ¡Ya lo sé! –Jane se azotó el pelo con suficiencia.
- ¿Dejas ya de copiar mis frases y mis gestos?
- No son de tu propiedad.
Luce lanzó una mirada asesina a Jane que la hizo enmudecer.
- ¡Vamos, mami, venga, cuéntanoslo ya! –dijo uno de los niños.
- Lo haría, pero hay personas en esta sala, y no quiero mirar a nadie –dijo Luce lanzando otra mirada a Jane- que no parecen querer que empiece.
- ¡Eso, mamá, para de interrumpir a la tía Luce! –dijo otro de los niños.
- ¡Silencio! – dijo Jane.-
- Ejem, ejem –Luce tosió para llamar la atención-. ¿Puedo empezar?
- ¡Sí! –dijeron todos los niños a coro.
- Pues bien, ahí va...
“Llegué al andén nueve y tres cuartos un cuarto de hora antes de que el expreso de Hogwarts saliese. Para cruzar, tan sólo había que atravesar la pared que hay entre los andenes nueve y diez de King’s Cross. Cómo era la primera vez que lo hacía, y además estaba muy nerviosa, mi primer intento resultó en el atropello de una pobre anciana con mi carrito. Después de disculparme, y que la mujer les dijese a mis padres que no me habían educado y se alejase murmurando algo sobre “la juventud de estos días”, volví a intentarlo. Esta vez sí lo conseguí. Atravesé la barrera y ante mis ojos apareció la estación de King’s Cross. Decenas de niños corrían por el andén, y muchos parecían visiblemente nerviosos; seguramente debía ser también su primer año. Había algunos que charlaban, y otros se despedían de sus padres. Un pequeño grupo de chicos mayores conversaba en una esquina, junto a su respectivo equipaje.
Mis padres, tras desearme suerte y un buen año, me ayudaron a subir las maletas al tren. Había llegado el momento de la despedida; mi padre me abrazó, y mi madre me dio un beso. Entonces, con el corazón a cien por hora y con la barriga llena de mariposas que no paraban de revolotear y de hacerme sentir un nudo en el estómago, me despedí por última vez y subí al tren. Durante una fracción de segundo me quedé quieta, sin saber qué hacer o adónde ir. Y entonces, eché a andar pasillo adelante.
Iba pasando frente a los compartimentos, la mayoría de ellos llenos ya, cuando me detuve frente a uno que parecía vacío. Empujé la puerta con cuidado y entré, y justo cuando iba a subir la maleta al portaequipajes, reparé en que ya había una chica allí. Castaña, de pelo rizado que le caía sobre los hombros, estaba tan encogida en un rincón que no la había visto. “¿Puedo quedarme?” le pregunté. Ella asintió con la cabeza y me senté en el asiento que estaba frente a ella. Mi gato Whiskers se acomodó en mi regazo. Durante un par de minutos, ninguna dijo nada, nos limitamos a observarnos. Me pareció que estaba muy nerviosa, incluso más que yo, si es que eso era posible. Parecía muy tímida. El silencio empezó a ser incómodo, y justo cuando suponía que mi cara ya debía de haber adoptado el color de un fénix, se oyó un silbato y el tren se puso en marcha. Decidí no volver a pasar por otro incómodo silencio como el de antes.
- Bueno... –dije, mientras pensaba de qué podríamos hablar.
- Bueno... –respondió ella.
- Parece... parece que ya hemos salido...
- Sí...
Un minuto de silencio.
- Oye, ¿estás nerviosa? –pregunté.
- Pues... sí, si te digo la verdad, muchísimo.
- ¡Genial!... Quiero decir, que no es genial, es sólo que bueno... yo también estoy muy nerviosa, ¿sabes? Es agradable darse cuenta de que no soy la única –rectifiqué, al ver la cara que puso. La verdad que era reconfortante no sentir que eras la única que estaba tan nerviosa que parecía estar a punto de vomitar por la emoción y el miedo.
La chica sonrió.
- ¿Cómo te llamas?
- Yo soy Luce Brooks. ¿Tú? ”
- Pero mamá... ese no es tu apellido... Tú te llamas...
- Cariño, mi apellido cambió cuando me casé con tu padre. Pero yo antes me llamaba así.
- Oh...
- Bueno, sigo.
- Yo soy Jane Hemsthrow.
- Jane... ¿qué?
- Hemsthrow. Es un apellido galés. Es un poco difícil de pronunciar.
- ¿Tú tampoco eres inglesa?
Jane negó con la cabeza.
- ¿Tú de dónde eres? –me preguntó.
- Bueno, yo nací aquí, en Inglaterra. En Castle Combe, un pequeño pueblecito de Surrey. Pero mi tatarabuelo era francés; tengo familia allí, en el Sur de Francia. Et je parle un peu de français!
- ¿Qué?
- Que hablo un poco de francés.
- ¡Ah, vale! –las dos reímos-. Yo... bueno, mis padres son muggles. Estuvimos viviendo en Londres un tiempo por su trabajo, pero al final nos volvimos a Bargon, el pueblecito en el que estoy viviendo ahora en Gales. Imagina la sorpresa que se llevaron cuando me llegó la carta de Hogwarts. ¡Ni siquiera creían en la magia antes! La verdad es que estoy deseando volver este verano para hacerles algún truco y dejarlos boquiabiertos...
Volvimos a reír, y estuvimos charlando bastante rato sobre nuestras cosas; ya sabéis, contando un poco nuestras vidas. De pronto, la puerta del compartimento se abrió, y apareció un chico de nuestra edad, rubio, de ojos azules, seguido de dos tipos enormes que debían ser de nuestra edad, aunque pareciesen dos erumpents*. El chico me pareció muy mono, y pensé, con una sonrisa en los labios, en que luego se lo diría a Jane; quizá me ayudase a hacerme amiga de él.
- Hola –dijo el chico arrastrando las palabras- mi nombre es Draco Malfoy –Jane reprimió una risita, y al chico pareció molestarle muchísimo-. ¿Te hace mucha gracia mi nombre? –dijo con voz fría. Jane negó con la cabeza, reprimiendo otra risa-. Bueno, sólo los magos que vienen de una buena familia de sangre limpia comprenden la importancia de mi apellido –dijo, y la miró con una mezcla de desprecio y arrogancia.
Jane no dio muestras de comprender lo que Draco Malfoy había dicho. Hija de muggles, no entendía a que se refería el chico. Pero yo, que pertenecía a una familia sangre limpia y además mi padre trabajaba en el Ministerio, ya había oído antes ese apellido. Traté de recordar de qué me sonaba, y entonces caí en la cuenta de que una semana antes había oído a mi padre quejarse a mi madre de los Malfoy. Por las pocas palabras que pude escuchar antes de que se dieran cuenta de que los estaba espiando, no parecían tener muy buena reputación.
- ¿Y tú? –me preguntó-. ¿Tú quién eres?
- Primero, sé un poco más educado –le dije; no me había gustado nada el tono de desprecio que había utilizado-. Y soy Luce, Luce Brooks.
- Mmm..... tu apellido no me suena. Tu familia no debe de ser muy importante.
- Pues para que lo sepas, mi padre trabaja en el Ministerio –dije molesta; me estaba pareciendo menos mono por momentos-.
- ¿Eres sangre limpia?
- Ése es un término que no me gusta utilizar; pero sí, lo soy. Aunque, por favor, deja de utilizar...
- ¿Y tú? –me cortó, y volvió a mirar a Jane-. ¿Eres sangre limpia?
- Que si soy... ¿qué? –preguntó, visiblemente extrañada ante la pregunta.
- Se refiere a que si tus padres son magos –le dije.
- ¡Oh! Pues no, no lo son. Mis padres son muggles.
- ¡Crabbe, Goyle, vámonos! –les dijo a sus dos amigos, que hasta ese momento no habían pronunciado una sola palabra-. No quiero hablar con... sangresucias como ella.
Me quedé de piedra. ¡¿Cómo se atrevía a llamar a Jane así?! ¡El peor insulto que se le puede llamar a alguien nacido de muggles! ¡Si ni siquiera la conocía! Desde luego, ése chico era un auténtico cretino.
- ¡¿Cómo te atreves?! ¡Eres un idiota! –le dije. Jane no parecía entender porqué le había dicho eso; por supuesto, no se había enterado de que él la había insultado.
- ¿Y cómo te atreves tú –dijo lentamente- a llamarme idiota?
Me levanté de mi asiento. Puede que no supiera hacer magia todavía, pero desde luego si ese imbécil no se apartaba rápido, se iba a llevar una buena bofetada.
- Luce, ¿pero qué haces? –Jane, que todavía no estaba familiarizada con mi pequeño problema de agresividad, se asustó.
- ¡Te ha insultado! ¡¡Te ha llamado sangresucia!! ¡Es un insulto horrible! Y respondiendo a tu pregunta, ¡voy a darle una lección!
- ¡Crabbe, Goyle, defendedme! –los dos chicos, que por lo visto sólo se movían cuando Malfoy se lo ordenaba, se colocaron rápidamente delante de él y gruñeron amenazadoramente. Desde luego, el chico, más que ser mono, tenía cerebro de mono; de un mono idiota.
- Luce, da igual, déjalo, no te pelees por mí.
- ¡Pero...! ¡No puedo dejar esto así!
- Da igual...
- ¡Oh, qué tierno! –dijo sarcásticamente Malfoy-. Bueno, si las nenitas han terminado ya de discutir, me parece que me voy a malgastar mi precioso tiempo en algo que valga la pena. ¡Crabbe, Goyle, vamos!
Eso fue más de lo que pude soportar. En cuanto los dos gorilas se apartaron, aproveché la oportunidad para coger a Malfoy del pelo y estamparlo contra la puerta. Después, de un empujón, lo eché del compartimento. Pareció que iba a contraatacar, pero entonces saqué mi varita y dije:
- ¡Mi hermano mayor me ha enseñado algunos trucos, y no dudaré en convertirte en una cucaracha y en aplastarte! ¡Y a vosotros dos también! –dije apuntándoles a los tres. Por un momento, Malfoy pareció querer ir a por mí; pero se lo pensó mejor y se fue, seguido de Crabbe y Goyle. Cerré la puerta de un portazo. Jane me observaba, con una mezcla de temor y agradecimiento.
- Muchas gracias, de verdad. No tenías porqué...
- No pasa nada. Yo siento haberme puesto así. Es que cuando me enfado... bueno, yo el resto del tiempo suelo ser muy simpática... y no muy humilde... pero es que cuando me enfado de verdad... Bueno, que lo siento. Es que me cuesta controlar los nervios.
- No pasa nada. Es más, así has conseguido que se marchara. Que chico tan estúpido, ¿verdad?
- Sí, tienes razón. Era un completo idiota –ya no opinaba que fuera mono; más bien odioso y arrogante.
- Oye, gracias otra vez. Pero... ¿por qué lo has hecho?
- ¿A qué te refieres?
- Pues... a defenderme. No sé, apenas nos conocemos... No digo que no esté agradecida; al contrario, ¡has estado genial!
- Bueno... –no sabía que decir-. La verdad, no... no sé por qué lo he hecho. Es... no sé, me caes bien.
- Y tú a mí.
Las dos nos sonreímos.
- ¿Amigas?
- Amigas –dije estrechándole la mano. Y en ese instante, supe que seríamos amigas para siempre...”
- ¡Y así fue! Porque aquí estamos, ¿no? Después de todo lo que ha pasado aún seguimos siendo amigas...
- Sí, tienes razón... Bueno, como decía, en ese mismo instante supe que...
- ¡Yo también lo supe! Fue... como una conexión entre las dos, ¿sabes a lo que me refiero? Fue... ¿cómo és la palabra...? Se dice...
- ¿Me dejas seguir contando la historia, por favor?
- ¿Qué? Ah, sí, lo siento, perdona, es que me emociono...
- No, si ya... Bueno, como iba diciendo antes de que me interrumpieran... – Luce lanzó una significativa mirada a Jane- en ese momento supe...
- Supimos.
- ¡Vale, SUPIMOS! ¿Puedo seguir?
- Ahora sí.
- Como me vuelvas a interrumpir, te vas.
- ¡No puedes echarme de mi propia historia!
- ¿Que no? ¿Estás segura?
- ¡Vale, vale, me callo!
- Bien. Bueno, como llevo tratando de decir unos diez minutos, en ese momento SUPIMOS que seríamos amigas para siempre...
“Cuando el tren llegó a la estación, las dos volvíamos a estar muy nerviosas. Dejamos el equipaje en el tren y, acompañados de un hombre gigantesco que tenía una poblada barba negra, fuimos caminando hasta el borde del lago, donde nos esperaban unas barcas. Los alumnos de primero nos subimos y ellas empezaron a navegar solas, cruzando el lago. A lo lejos se veía la imponente figura del castillo, iluminado por la Luna. Hogwarts nos daba la bienvenida.
Ése fue el comienzo de nuestras aventuras.”ERUMPENT
Clasificación del MM: XXXX
El erumpent es una bestia gris, de gran tamaño y poder, natural de África. Pesa más de una tonelada y, de lejos, puede confundirse con un rinoceronte. Tiene una piel gruesa que repele la mayoría de los encantamientos y maleficios, un cuerno largo y puntiagudo sobre el hocico y una cola larga que parece una soga. Los erumpents sólo dan a luz una cría en cada parto. Esta bestia no ataca a menos que se la provoque exageradamente, pero, cuando lo hace, los resultados suelen ser catastróficos. El cuerno del erumpent puede atravesar cualquier cosa, desde la piel hasta el metal, y contiene un fluido mortal que provoca el estallido de todo lo que haya sido inyectado con él.
Los erumpents no son muy numerosos porque, durante la época de apareamiento, los machos se hacen estallar unos a otros a menudo. Los magos africanos tratan la especie con mucha prudencia. El cuerno, la cola y el fluido explosivo del erumpent son utilizados en pociones, aunque están clasificados como Materiales Comerciables de Clase B (Peligrosos y Sujetos a Control Estricto).